El monasterio cisterciense de "Santa María de la Caridad" remonta sus orígenes al año 1147, cuando el rey García Ramírez pidió a las monjas del monasterio "Lumen Dei" en Favars (Francia) que vinieran a fundar un monasterio a tierras navarras. Primero se instalaron en Tudela pero a los pocos años en torno al 1156 se trasladaron a un lugar más solitario: Tulebras, a medio camino entre las poblaciones de Tudela y Tarazona. Es éste, por tanto, el primer monasterio femenino del Císter en España. La comunidad vive en él de forma ininterrumpida desde la fecha de su fundación.
El enclave del monasterio en un jalón fronterizo entre lo que entonces eran tres reinos diferentes: Navarra, Aragón y Castilla, hizo de él un lugar inestable en el que se dejaban sentir las rivalidades y hostilidades surgidas entre los diferentes reinos. Por este motivo el monasterio nunca tuvo muchos bienes, fue más bien sencillo. Aunque económicamente modesto, el cenobio fue rico en intensidad espiritual y en expansión del carisma. En el siglo XII se suceden las fundaciones por toda la Península: Perales (Palencia, 1160); Gradefes (León, 1169); Cañas (La Rioja, 1169); Vallbona de las Monjas (Lérida, 1173); Las Huelgas (Burgos, 1187); Trasobares (Zaragoza, 1188). La última fundación en tiempos recientes data de 1990 cuando un grupo de hermanas partieron a Esmeraldas (Ecuador), por petición del Obispo de dicha diócesis. Hoy es un monasterio floreciente. Último fruto de este árbol fecundo.
A lo largo de la historia de la comunidad hay una constante que se mantiene: el deseo de seguir a Cristo con autenticidad dentro de la espiritualidad cisterciense. Para lograr su objetivo las hermanas atentas a la voz del Espíritu y dejándose guiar por Él no han escatimado medios y esfuerzos para conseguirlo. En el año 1957 con gran gozo la comunidad entró en la reforma de la Trapa.
En la actualidad somos 26 hermanas. Tenemos edades diferentes, provenimos de distintos puntos de la geografía española, tenemos diferente formación humana y cultural... sin embargo, con este bagaje tan diverso, nos sentimos convocadas por el Señor Jesús para seguirle en esta comunidad concreta. Somos las piedras vivas que componemos este antiguo y bello monasterio. >